-Cierra los ojos…. Ahora, ábrelos. ¿Te gusta?- Le preguntó Charlie. – Charlie había llevado a Clhoé hasta el aeropuerto engañada, diciéndole que irían a un lugar de fin de semana, a una montaña cerca de la ciudad.
- ¿Los puedo abrir amor, seguro? – Clhoé estaba nerviosa o más bien… emocionada.
- Que sí, amor…. Ábrelos. – Charlie le dio un beso en el cuello.
A la primera vista Clhoé no sabía muy bien que ver, había paneles de información sobre vuelos que salían a las 4pm y eran las 3pm, no sabía cual de todos esos países iban a pisar, a visitar….- No entiendo, ¿que hacemos aquí? ¿Nos vamos de viaje?
- Em… sí amor, sí nos vamos de viaje. Pero me tienes que decir a dónde.
Clhoé estaba atónita mirando todos esos países, todos esos lugares maravillosos que hay en el planeta. Pensó que sería mejor elegir un país que fuera romántico, para así disfrutarlo al 100%. Pero al mismo tiempo pensaba en que conocer si… irían a conocer, pero sabía muy bien que tanto Charlie como ella eran demasiado apasionados, y terminarían pasándose encerrados en la habitación del hotel consumiendo su amor, por lo menos un día entero de los que estarían en aquel lugar todavía sin nombrar. Así que… comenzó a razonar en un lugar pequeño, y que se pudiera conocer en poco tiempo. Todos eran grandes países, grandes ciudades con nombres que siempre se llevaban en la camiseta de I love…
- ¡A una Isla! – Gritó con todas sus fuerzas Clhoé a imaginarse ellos dos en una isla, con el mar, el sol…Y en la noche a la luz de la luna hacer el amor en la playa…
- ¿Estás segura amor? No quieres ir de Shopping, conocer museos, mirar un montón de gente por las calles a reventar de las grandes ciudades…- Se comenzó a reír Charlie, sabía bien lo que escogería su amada, porque el también deseaba ir a una Isla, de hecho en ese momento le muestra dos tiquetes de avión para las Islas Margarita.
Esa compenetración, ese don de saber siempre lo que Clhoé quería, lo que le hacía más ilusión, casi…como leerle los pensamientos, era lo mejor de ellos dos. Eran el uno para el otro, sin dudarlo. Sus labios después de saber adonde iban les entraron sed de repente, y con un beso, dieron la bienvenida al mejor viaje de sus vidas.