miércoles, abril 07, 2010

=D Final....


Mi madre se quedó paralizada. Sus mejillas adquirieron un color rojo.
- Cariño… ¿Leíste las cartas? Entiendo que hayas sentido curiosidad. Pero tal vez hubiera sido mejor que me las pidieras ¿no crees?- Mi madre bajó la vista. Tal vez sentía vergüenza, al fin y al cabo, son cosas privadas, y yo como un detective todo lo leí.
- Lo siento mamá. Pero…desde pequeña había visto ese cofre. Sentía curiosidad por su contenido. – Eso era verdad. Siempre había visto la llave debajo de un jarrón. Una llave prohibida para todos, menos para mi madre. Unos secretos encerrados, secretos que no eran tan secretos. El amor que había sentido mi padre por mi madre, todo el mundo lo sabía.
Eso sí había sido un amor de verdad.- Y ¿sabes? Me gustó leer eso. Así pude saber como era mi padre. Mamá no lo conocí, y así, al saber como escribía, sé que era una persona dulce, sincera…era mi padre.- Una sonrisa se me escapó de mis labios. Una sonrisa que no ocultaba mi orgullo. Orgullo de hija, de estar orgullosa de su padre.

Después mi madre y yo nos dirigimos hacía el salón. Todos estaban ahí. Bailando en pareja, algunos desafiando a las leyes socales, bailaban solos. En resumen, todos se divertían. Menos yo. Mi mente estaba fija sólo en una persona. Mi amado, y futuro compañero. ¿Cómo estará? ¿Vendrá? ¿Me ha escrito alguna carta?
Cerré mis ojos. Me imaginé él y yo bajo los campos elisios. Sus ojos marrones más claros por el sol, y un poco entrecerrados buscando mis ojos. Luego...diciéndome cosas al oído. Dulces y delicadas palabras de amor.

-Señorita Jons.
- Teresa, ¡carta! – Me levanté de la silla en donde estaba soñando. Mis zapatos de tacón me hicieron tambalear pero lo controlé.
- No señorita, carta no.- Su cara no reflejaba nada. Ni alegría ni tristeza. Nada. Busqué y busqué entre esos ojos color carbón, y sus labios gruesos de un color rojo intenso.
- ¿Entonces? ¿Pasa algo? ¿Le pasó algo?- Mis manos comenzaron a temblar. Tenía miedo. No quería imaginarme nada.
- Tranquila señorita. Vaya al laberinto del jardín. Creo que ha llegado su mayor regalo.- No esperé a que terminara la frase. Corrí agarrando mi largo vestido aguamarina. Todos me miraban preocupados. Algunos incluso reían.
Mis pasos sonaban en el suelo de cerámica. Pum, pum, pum. Unas pequeñas risas se escapaban de mí. Me hacía gracia del ruido que hacía al correr.
- Ya está, llegué- Susurré. Comencé a buscar a alguien. Me puse las manos en la cara, como cuando un pirata mira para encontrar tierra, o el tesoro. No vi nada.
Entré en el laberinto. Una música comenzó a sonar, pero no era la música del baile. Era otro tipo de música. Una en especial. Nuestra canción.
- ¿Thomas? ¿Eres tú?- Corrí hacía el centro del laberinto, donde se encuentran todos los posibles caminos. Los sabía de memoria, de pequeña siempre jugaba en ese jardín.
Ahí estaba, con una chaqueta negra, corbata, camisa blanca…Guapo, como siempre. Vino hacía mí con una sonrisa en su cara. Con pasos vacilantes.
- Ya vuelve a ser primavera. Tengo mi rosa cerca- Thomas cogió una margarita y me la puso delicadamente en el pelo.- Estas preciosa amor, y más aún adornada con tus hermanas, las flores.
Mis ojos solo miraban su boca. Su dulce néctar lo quería.
- Te amo Thomas Rower. Te amo amado mío.- En un beso, una caricia, nos perdimos. Nuestros cuerpos necesitaban uno del otro. Entrelazados en medio de flores, plantas, animales… Todos formaban de un hermoso cuadro.
- Para siempre señorita Jons, Chloé Jons. – Me dijo mientras jugaba con mi pelo suelto al viento.
- Para siempre Rower, Thomas Rower.

1 comentario:

C.L.C. dijo...

Me vas a tener que contar de qué va la historia para ver de qué va y haber si puedo leérmela.
Mañana si eso, cuéntame ^^

Muac!

PD: Cath te envía recuerdos xd