domingo, enero 08, 2012

Inocencia


Laura era de las que soñaba con una olla llena, llenita de oro al otro lado de un arcoiris lleno de colores vivos, intensos. No solamente ella pensaba eso, su abuelo cuando ella apenas tenía tres años le contaba historias y decía que éstas eran verdaderas, y por lo tanto debía de crearlas.
  • Venga vamos, ¡acompáñame! No dejarás que tu hermana sea secuestrada por unos enanos asesinos, ¿cierto? - Dijo un poco vacilante para su edad Laura.
  • No vengas a amenzarme pequeña, soy mayor que tú y si te pego una palpamada en el trasero nuestra madre ni se enterará – Dijo Nicolás mientras seguía limpiando su bicicleta.
  • No me seas amargado, ¡vamos!
  • Que no Laura, no me vengas con travesuras infantiles y aniñadas. Jamás encontrarás tu olla llena de oro cada vez que llueve y sale un arcoiris, jamás verás un dinosauro y por último y para que sepas de una vez, no existe el Papá Noel, son nuestros padres.
Laura salió a correr sin mirar atrás a su hermano que gritaba su nombre después de caer en cuenta lo que acaba de hacerle a su hermana, robarle esa inocencia y estropear los poderes de su imaginación.
  • No perderé mi inocencia, y mucho menos en mi adolecencia seré cómo él – Se repitió estas palabras mientras se secaba sus ojos llenos de lágrimas.




viernes, diciembre 30, 2011

Eres mi día a día




Tu risa resuena en la sala mientras yo tecleo en mi portátil, tal vez este sea una especie de diario o una locura sacada de mi día tan agitado pero encantador a tu lado. ¿Te acuerdas el día de la cafetería? Ese día en que me insultaste pensando que era el camarero que te había hecho esperar 45 minutos por un expreso, pues bien ese día me enamoré de tu arruga en la frente. Pues bien, eras encantadora, tu hablabas y yo sólo te veía a ti. Esa expresión tan encantadora y esos labios carnosos que dejaban bailar las palabras que no entendía en tus labios. Tus manos se movían inquietamente por el aire espeso y sin yo entender nada tan sólo dije gracias, en ese momento paraste en seco agarrando tu bolso con las dos manos y soltando una sonrisa burlona “¿Gracias?” – me preguntaste mientras yo volvía a un mundo ajetreado y en ese momento de boca arriba por tu confusión.

  • ¿Gracias por no hacerte echar? – Me pareciste horriblemente exagerada, pero descubrí otra parte encantadora en ti.

Tenías un lunar en el cuello, un lunar que resaltaba tu cuello haciéndolo un poco más sensual. Tu mirada me embriagaba como el Vodka de más alcohol, eras llena de secretos para un hombre con ganas de indagar. Ahora vivimos juntos y no me canso de decirte que te quiero, y te querré porque tú eres esa persona que alumbra mis mañanas y la que le da sentido a mi vida. Y ¿Sabes? Aún quedan muchas cosas de ti por descubrir así que dejame estar más días cómo hoy, para poderte desnudar el alma.