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domingo, enero 08, 2012

Inocencia


Laura era de las que soñaba con una olla llena, llenita de oro al otro lado de un arcoiris lleno de colores vivos, intensos. No solamente ella pensaba eso, su abuelo cuando ella apenas tenía tres años le contaba historias y decía que éstas eran verdaderas, y por lo tanto debía de crearlas.
  • Venga vamos, ¡acompáñame! No dejarás que tu hermana sea secuestrada por unos enanos asesinos, ¿cierto? - Dijo un poco vacilante para su edad Laura.
  • No vengas a amenzarme pequeña, soy mayor que tú y si te pego una palpamada en el trasero nuestra madre ni se enterará – Dijo Nicolás mientras seguía limpiando su bicicleta.
  • No me seas amargado, ¡vamos!
  • Que no Laura, no me vengas con travesuras infantiles y aniñadas. Jamás encontrarás tu olla llena de oro cada vez que llueve y sale un arcoiris, jamás verás un dinosauro y por último y para que sepas de una vez, no existe el Papá Noel, son nuestros padres.
Laura salió a correr sin mirar atrás a su hermano que gritaba su nombre después de caer en cuenta lo que acaba de hacerle a su hermana, robarle esa inocencia y estropear los poderes de su imaginación.
  • No perderé mi inocencia, y mucho menos en mi adolecencia seré cómo él – Se repitió estas palabras mientras se secaba sus ojos llenos de lágrimas.




miércoles, julio 06, 2011

Son sólo sueños


El olor a leche hervida entraba con gran intensidad a una habitación decorada con móviles de mariposas, princesas en las paredes y una cama que parecía la que tenían los enanitos de Blancanieves. Era una habitación de una niña que no sobrepasaba los cinco años de edad. Su olfato aventurero y soñador imaginaba la mesa decorada de flores, con galletas en cuatro platos y chocolate instantáneo esperando impaciente tener contacto con la leche y disolverse con sus encantos. Sus pies aún acalorados por las sábanas aún calientes después de una noche persiguiendo dinosaurios por el Central Park, pisaron lentamente la alfombra de colores.
- Cariño, a desayunar. – Su madre decía con voz un poco alta, la indispensable para que el viento desplazara sus ondas sonoras hasta la habitación de Laura. Sus delicados pies salieron corriendo dejando un sonido sordo con cada salto que daba. Efectivamente la mesa estaba preparada como ella espera y añadiendo unas cuantas magdalenas de chocolate.
Las conversaciones de siempre acompañaron un desayuno un poco calórico y con altas dosis de chocolate. Laura no dejaba de hablar, quería que todos los detalles de su sueño quedaran expuestos sobre la mesa salpicada de azúcar y migas de galletas. Su hermano Nicolás la miraba con cara de querer soltar una carcajada, y Laura sólo se limitaba a mirarlo con cara de pena, pena porque él no poseía una imaginación ni podía vivir aventurar aunque fuera en sueños.


Preguntas : Formspring