- Venga vamos, ¡acompáñame! No dejarás que tu hermana sea secuestrada por unos enanos asesinos, ¿cierto? - Dijo un poco vacilante para su edad Laura.
- No vengas a amenzarme pequeña, soy mayor que tú y si te pego una palpamada en el trasero nuestra madre ni se enterará – Dijo Nicolás mientras seguía limpiando su bicicleta.
- No me seas amargado, ¡vamos!
- Que no Laura, no me vengas con travesuras infantiles y aniñadas. Jamás encontrarás tu olla llena de oro cada vez que llueve y sale un arcoiris, jamás verás un dinosauro y por último y para que sepas de una vez, no existe el Papá Noel, son nuestros padres.
Laura
salió a correr sin mirar atrás a su hermano que gritaba su nombre
después de caer en cuenta lo que acaba de hacerle a su hermana,
robarle esa inocencia y estropear los poderes de su imaginación.
- No perderé mi inocencia, y mucho menos en mi adolecencia seré cómo él – Se repitió estas palabras mientras se secaba sus ojos llenos de lágrimas.
