Y hasta respirar duele cuando no
estoy contigo. Ese frío desgarra mi garganta
hasta el límite de arder, de doler… me duele sentirte lejos de la frescura de
mi piel y fuera de lo que mis ojos pueden ver. El límite sólo está en nosotros
mismos. Sólo nosotros decidimos en seguir firmes delante del destino, con
nuestras manos entrelazadas. Y tus besos, tus caricias, parecen que estar
tatuadas en mi epidermis, bajo las manchas del sol, y más allá de las gotas del
sudor. Estás en mí cómo lo está mi sangre, mis células, mi corazón. Bombeas en
todo mi cuerpo haciéndome sentir plena, llena, y feliz.
Duele pasar horas sin ver la
cobertura de tus labios, tu sonrisa traviesa bajo ojos enamorados, y respirando
tu aroma. Quiero que me envuelvas con tus brazos amplios, dormirme en tu pecho ¡Qué
cuanto echo de menos!
