Su cuerpo desnudo como el tallo de un árbol,
tiritando como las hojas en otoño, pero esta vez no es el viento que le hace
perder la estabilidad, sino que era él con sus andares. Su boca, esa boca que
parece un atardecer, por su color tan vivo y caliente a la vez. No sabía
mentir, y él no sabía no hablar sin que el cuerpo de Anne no perdiera su rigidez.
Anne no creía en los amores estilo Disney, ni en las noches de hacer el amor y llevar el desayuno a la
cama. Pero él… ese hombre que no se conformaba con el placer de su cuerpo, sino
que le pagaba más por un beso de sus labios. No lo permitía que nadie le diera
un beso, pero ese hombre tenía algo en sus labios, un sabor penetrante que no
se iba en semanas y le hacía pensar en él más de lo debido. Jamás le preguntaría
si tenía esposa o hijos, se conformaba con tenerlo un minúsculo tiempo,
sentirlo y horas después entretenerse en arrancarlo de su piel y mente. No quería
enamorarse, aunque tampoco sabía si de verdad existía ese estado. A lo mejor
era una palabra más inventada para ampliar el diccionario, o una palabra más
para hacernos daño nosotros mismo.
Preguntas : Formspring
