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viernes, julio 22, 2011

No me beses



Su cuerpo desnudo como el tallo de un árbol, tiritando como las hojas en otoño, pero esta vez no es el viento que le hace perder la estabilidad, sino que era él con sus andares. Su boca, esa boca que parece un atardecer, por su color tan vivo y caliente a la vez. No sabía mentir, y él no sabía no hablar sin que el cuerpo de Anne no perdiera su rigidez. Anne no creía en los amores estilo Disney, ni en las noches de hacer el amor y llevar el desayuno a la cama. Pero él… ese hombre que no se conformaba con el placer de su cuerpo, sino que le pagaba más por un beso de sus labios. No lo permitía que nadie le diera un beso, pero ese hombre tenía algo en sus labios, un sabor penetrante que no se iba en semanas y le hacía pensar en él más de lo debido. Jamás le preguntaría si tenía esposa o hijos, se conformaba con tenerlo un minúsculo tiempo, sentirlo y horas después entretenerse en arrancarlo de su piel y mente. No quería enamorarse, aunque tampoco sabía si de verdad existía ese estado. A lo mejor era una palabra más inventada para ampliar el diccionario, o una palabra más para hacernos daño nosotros mismo. 

Hoy es el ÚLTIMO DÍA:  CONCURSO



Preguntas : Formspring

lunes, julio 11, 2011

Noches en vela



Las luces de las farolas ya encendidas, las voces de los ancianos diciendo adiós, las bocinas de los coches sonando, y las campanas de una iglesia dando las últimas campanadas del día, anuncian que la noche ya está entrando. Junto a ella cogida de la mano iba Anne, aún con sus zapatos planos de verano, esas sandalias que la hacía sentir por unas horas brillantes por la luz del sol que estaba viva y aún tenía algo de dignidad. Sus pasos cada vez iban más lentos, y sus ojos se clavaban al suelo de una caliente ciudad. Caliente por el calor de los termómetros, y por otra parte, por el calor corporal de hombres desesperados o decepcionados sexualmente en busca de un placer terrenal. Su falda daba pequeños brincos por sus piernas, era el viento furioso que soplaba. Anne sentía que le soplaba el alma, la desnudaba y le quitaba la piel virgen. No era ella, en la noche no era ella, era otra persona que se metía en su cuerpo y se comportaba como una chica de compañía con ojos de fiera en la cama. Era esa chica que fingía tener orgasmos, que pedía más cuando su otra parte decía que parara por favor. Esa otra parte era la que soltaba carcajadas, toques de placer y uno que otro “Oh, sí. Así”. Ya pasadas las once de la noche, del bolso sacaba un pequeño espejo y el reflejo cambiaba. Esa chica, tenía los labios color rojo pasión, el pelo suelto, los ojos pintados de negro y un collar poco más caro que un helado de fresa. Trabajar para vivir, o vivir para trabajar, nada de esto se aplicaba porque lo de ella era vender su cuerpo para vivir, aunque para esto tuviera que dividirse en dos personas diferentes.  




Preguntas : Formspring

domingo, junio 26, 2011

Entre helados y el viento de verano


Y ahí estaba ella, comiendo un estupendo helado, saboreando los pedazos de chocolate y cerrando los ojos cada vez que ese frío entumecía sus encías. El frío de una tarde con sol ardiente del verano, le acariciaba su piel que cada vez iba cogiendo el tono canela envidiable de toda mujer menos de ella; le encantaba ese tono blanquinoso y delicado de su piel. Las parejas se acondicionaban sus temperaturas corporales a las del ambiente y se les veía más acaramelados que en las tardes frías y sin color de invierno. Anne sentía una cierta envida al verlos besarse, tocándose y diciéndose cosas suavemente al oído que sólo ellos dos sabían. Anne fijó su vista en una pareja, el chico tenía unos hermosos ojos verdes y ella contraatacaba con un color a chocolate. Anne se sorprendió de su buena vista, porque estaba relativamente lejos de ellos. Anne siguió comiendo su helado, pero está vez se fijándose en cada movimiento de la pareja, en cara roce, en cada beso… estaba dispuesta a sentir cosas, a transportarse de tal manera que esos sentimientos también le llegaran a ella, como si fuera un envió de sentimientos a través del viento y de los olores. No le puso cara a su imaginación, sólo se limitaba a sentir y a revivir sentimientos olvidados o tal vez nunca vividos. El olor a chocolate fundido que desprendía las crepes que preparaban no muy lejos de ahí, le hizo recorrer por todo su cuerpo una corriente de deseo. Sus labios resecaron y ella los humedecía lentamente con su helado. La pareja a lo lejos seguía besándose e iban aumentando la pasión de estos. Las manos del chico se deslizaban lentamente por el abdomen de ella, y  ésta se retorcía un poco para los lados. Anne deseaba decirle a ella que no tuviera miedo de lo que fuera a sentir, y mucho menos vergüenza que la fueran a ver, las reacciones espontáneas son las más bonitas, o por lo menos eso pensaba ella. Anne seguía saboreando su helado, mientras se iba dejando invadir por sentimientos de deseo, y se dejaba tocar sus partes por el viento que jugaba con los pliegues de su falda. Algún que otro orgasmo salió desde sus adentros, pero ese sentimiento le hizo recordar lo que se llamaba felicidad, aunque por loco que sonara, esta felicidad también la podía dar el viento y su imaginación.


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jueves, junio 16, 2011

Labios pintados, cuerpo desnudo y frío.


Labios pintados, cuerpo desnudo y frío. Casi ya sin sentimientos en un corazón arrugado. Lágrimas secas, ojos pintados de sufrimientos ajenos, de noches en vela. Medias lunas pintadas en su espalda, manchas verde azules en sus pies. Cansada de caminar sin salida, cansada de respirar sin saliva en su boca. Se pintaba los labios del color de la sangre, la misma que brotaba por sus heridas. Besos de hombres, hombres ingenuos que confiaban en ella. Besos robados, besos prestados, besos vendidos. Pero al fin y al cabo besos sin sentido. No se gastaba mucho dinero en pintalabios, ni en ropa de vestir, porque terminaba cada sábado de madrugada en el algún baño de discoteca. Caminaba como si fuera una loba, como una diosa salida del peor cuento de terror, no por malo, ni por mal escrito, sino por lo escalofriantes que podía ser. Se quejaba de las películas románticas, pero aquí entre dos, en los inviernos sólo veía películas de amor. Tal vez pensaba que después de probar a distintos hombres encontraría ese sabor distinto, ese olor especial, esa piel en la cuál dejar su color de labios para toda la vida, ese que la hiciese sentir mujer y perder su guardada virginidad no de cuerpo, sino de alma por una vez. Le gustaba tomar la iniciativa, le gustaba dominar en las situaciones. No le gustaba sentirse atacada, porque huía a la primera oportunidad prevista. Su punto débil era su cuello. Por eso siempre trataba de cubrirse con pañuelos. Y en los actos sexuales, no dejaba acercarse mucho más allá de sus clavículas punzantes. Para así, frenarles la entrada a sus palpitantes arterías. 






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