lunes, septiembre 12, 2011

Imposible




Sus ojos entrecerrados y su pelo ondulado me hacían temblar de la emoción. Emoción por verlo, por respirar el mismo aire que él y pronunciar palabras que una vez ya él lo había hecho. Sus latidos los sentía cómo de un felino fuera y mi olfato de humano percibía el shampoo de su pelo.  Él hablaba de imposibles yo  hablaba de posibilidades. Él decía que era imposible enamorase y yo que tan sólo bastaba una hora y una persona adecuada para hacerlo. Él decía que volar no se podía, y yo busqué unas alas y fabriqué un avión. Imposible era llorar y reír, saltar y cantar, comer y hablar…. Pero nada es imposible si se hace con el corazón. Aquí estoy, sosteniendo mi alma y armando mi corazón, mientras oro por dentro sin mostrar señas de dolor, mientras mis ojos bailan la danza de un horror y mientras mis sollozos llantos se ahogan entre peces sin oxígeno. Imposibles las cosas que me dices, imposible estar sin tu amor, imposible reír sin ti, imposible dormir en una cama vacía. Pero si hablamos de verdaderos imposibles y de cosas que no podrán ser aunque me empeñe en tapar el sol con mi dedo índice…. Imposible, imposible eres tú. 

Preguntas : Formspring


jueves, agosto 25, 2011

Suspira y sigue...


El sol comenzaba a ocultarse entre nubes que llamaban la lluvia. El cielo estaba de un color naranja con pequeños parches grises, algo que no combinaba mucho con el bello paisaje. Las lluvias de verano eran algo que odiaba, porque siempre llegaban sin avisar.

Melinda volvió a la playa, aún sin saber cómo volver a casa. Las personas se estaban yendo, no querrían parecer palomas mojadas después de la tormenta que se avecinaba.  Su tentación de bañarse desnuda en el mar cogía fuerzas al paso de los minutos. La playa se iba quedando sola, una imagen digna de un día de invierno. Se descalzó y caminó por la fresca arena. Sus dedos dejaban invadirse por una arena fina, y un poco húmeda, sus sentidos se alegraban. Sus manos se sentían violadas por el viento que corría. El viento atravesaba entre sus dedos, le acariciaba sus piernas y subía lentamente por sus rodillas. No se escuchaba nada más que el susurro del mar, los golpes contra las piedras y unas cuentas gaviotas que llamaban a una lluvia inevitable. Las tiendas costeras a la playa estaban cerrando, poco a poco se quedaba más y más sola. – Vaya cumpleaños- pensó. Aún no sabía ni como volver a casa, no tenía dinero y sólo tenía una tarjeta de autobús que en ese momento no valía mucho. Pensó en llamar a alguien, pero no quería molestar. Sus ojos se cerraban y se habrían, como queriendo despertar en otro lugar. Tal vez en uno con sol, con una playa limpia y un mar color azul cielo y cristalino. 

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