No
parecías ser tú cuando me dijiste – Nos vamos – Creí que hablabas en broma o
simplemente jugabas con mis sentimientos que en ese momento estaban hechos un
lío pensando en cómo sobreviviríamos a tal sequía de cerebros. No era que me
preocupara que las personas estuvieran cayendo en tal enfermedad que te impedía
ver más allá de tus propias narices, siempre había sido así. Lo que más me
aterrorizaba era cómo saldríamos vivos de todo esto. Las seguridades de salud
habían bloqueado todas las salidas y mataban a cada persona que veían sin importar
que estuvieran infectadas o no. Ya había tenido contacto con estas personas, y
morían deshidratadas, asesinadas por las autoridades o por falta de alimento. No
quería terminar sometida a un cerebro descoordinado, quería seguir viviendo,
pero Karlo me decía ahora que nos fuéramos. Mis piernas temblaban como trozos
de papel y estaban tan débiles que empecé a llorar del desespero, del no saber
qué hacer al cruzar la puerta al infierno, así como le llamaba yo a la puerta
que daba a la calle.
-
Estás loco, me llevarás a
la muerte – dije con un hilo de voz.
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Cierra el pico y cógeme
de la mano – Y sucesivamente me sujetó con fuerza y salimos corriendo a gran
velocidad.
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